sábado, 24 de junio de 2017

Descubrimiento del Cacao

Descubrimiento del Cacao
Hace ahora 500 años, y en un encuentro fortuito entre una canoa maya y una barco español, un niño de catorce años de edad observó atónito cómo unos comerciantes mayas se desvivían por recoger unas almendras que se les habían caído en la nave donde él viajaba junto a su padre y toda la tripulación. Así nos lo relata él mismo en su apasionante libro "Historia del Almirante": “las que pareció que estimaban mucho, porque cuando fueron puestas en la nave las cosas que traían, noté que, cayéndose algunas de esas almendras, procuraban todos cogerlas, como si se les hubiera caído un ojo”.
Estimamos que pudo ser el 13 de agosto de 1502 y el lugar la Isla de Guanaja (actualmente la isla de los Pinos en Honduras). Estaba a punto de producirse por casualidad, como ocurre en la mayoría de las cosas importantes en nuestras vidas, un acontecimiento histórico que revolucionaría la gastronomía mundial. El jefe maya de la canoa, el señor de Yumbé (jefe camino), regalaba a Hernando Colón un preciado regalo: habas de cacao. En este preciso momento se inicia la apasionante Historia del Chocolate.
Ese niño era Hernando Colón. Hijo natural de Cristóbal Colón y primer Colón español que acompañó a su padre en su IV viaje de descubrimiento (1502-1504) siguiendo la Ruta de las Especias, anteriormente realizada por Marco Polo. Durante esta odisea el Almirante, como le llama habitualmente su hijo, también descubrió lo que hoy conocemos como Centroamérica, es decir: Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Norte de Panamá.

Adedum del cacao 2

Adedum del cacao 2
Gracias a la unión real de Luis XIII con la princesa española Anne de Austria (1615), la bebida chocolateada hace su aparición en la Corte de Francia.
En 1650, el chocolate emerge en Inglaterra en forma de bebida y su llegada coincide con el té de China y del café de Oriente pero queda un plato reservado para las clases acomodadas. En 1659, la primera fábrica de chocolate abre sus puertas en París. En 1720, las chocolaterías italianas son aclamadas por la calidad de sus productos. Por fin, en 1765, América descubre las virtudes del cacao.
Así el chocolate conoce una expansión creciente a través de Europa y el mundo metamorfoseándose a merced del tiempo. Las primeras pastillas de chocolate son inglesas (1674), el primer cacao en polvo es holandés (1828), la tableta es una creación (1830) británica y el chocolate con leche luego a las avellanas marcan la llegada triunfal de Suiza sobre el mercado del chocolate (1830-1875).
Gracias a este desarrollo, el chocolate comienza lentamente su democratización mientras que su utilización en farmacia había sido preconizada desde las primeras horas porque oculta propiedades revigorizantes y forti
cantes.
descubrimiento del cacao: adedum
Una linda leyenda narra que Quetzalcoatl, el dios de la luna y de los vientos, descubrió el árbol del cacao en los campos luminosos de los hijos del sol. Lo regaló a los hombres que le llamaron “El alimento de Dioses”. A partir del 250 d. C. los mayas de las Tierras Bajas crearon Ciudades-Estado tan importantes como Tikal (Guatemala) y Copán (Honduras). En ellas, elaboraban el “kakaw” (cacao) como bebida caliente de la clase alta, hecho que se refleja en las elegantes vasijas halladas en las tumbas de sus nobles.
Ek Chuah fue para ellos el dios de los mercaderes y agricultores del cacao.

jueves, 3 de septiembre de 2015

EL MARAVILLOSO VIAJE DE JAIME TONINO GIL A ITALIA Jaime Antonio Gil, “Jaimito”, como le decían sus amigos de León y resto del país, era un muchacho curioso y había estudiado biología con especialidad en entomología, carrera que nunca ejerció pues se dedicó a la fotografía como profesión y pasatiempo. Un día escuchó decir en su casa que su familia descendía de italianos milaneses, y eso lo inquieto de tal manera que se alistó, en todo el sentido de la palabra, a ir a conocer Milán y ver su aún quedaba alguien de sus ancestros. Agarró un paquete de esos que ofrecen las tour operadoras y le pareció aceptable el precio y el tiempo para conocer su tierra ancestral. Milán, capital de la Lombardía era un centro de muchas posibilidades económicas y artísticas, alta costura, vehículos de lujo y de carrera, arte en general. Con su cámara Hasselblad y su Nikon de uso diario se fue cargando su maleta de viaje y bolso de equipo con lentes fijos, zooms y demás intercambiables para ambas cámaras. Se instaló en uno de esos hoteles que te llevan a la fuerza los operadores turísticos, que no son malos pero tampoco tan bueno como uno quisiera. Pero bueno, pagas lo justo y eso te da posibilidad de andar por tu cuenta sin caminar en esos grupos guiados por un tipo con altoparlante y que dicen cualquier mentira de los lugares y su historia. A Jaimito lo que le importaba primero era conocer un poco y luego investigar sobre sus posible familiares que a lo mejor el que quedaba tendría unos ciento veinte años si es que vivía aun. Camino por un momento por calles pequeñas y muy típicas de la parte antigua de la ciudad, y sin darse cuenta llegó a la fabulosa Catedral del más bello gótico que sus ojos nunca vieron. Su imponente altura y detalles de las torres y sus puertas talladas en una finesa como hecha por el mismo Dios nuestro Señor. Embelesado por tanta belleza estaba absorto que no se fijó que otra belleza lo observaba a su lado. Una trigueña de ojos verdes como el mar, con un cuerpo escultural, con una cara digna de una Pietá de Miguel Ángel. Ella dio unos pasos que sonaron en el basalto de los ladrillos circundantes del atrio. Jaimito se volvió a su lado derecho y la miro de pies a cabeza y en ese momento todo lo que había admirado del gótico de la catedral se esfumo. Ya no hubo más admiración por el arquitecto creador del templo. Sus ojos solo estaban para ver aquella ragazza veinteañera que sería desde ese momento su guía, su traductora, su todo. Ella lo llevo como perrito faldero a la galería Vittorio Emmanuel II, luego a la famosa Scala teatro donde muchos se hicieron famosos, y tantos divos se consagraron. El Palacio-Castillo de los Sforza y luego se fueron al lecho donde caería en sus brazos y sus piernas y sus pechos y su boca. Jaimito, débil como siempre ante esas beldades, se dejó ir en un abismo de placer y lujuria, que aunque en su subconsciente recordaba era un pecado capital, no le importo. Al día siguiente ella le planificó un viaje a Verona, para ver la antigua residencia de los Capuleto y los Montesco, a la Plaza de Bra, al anfiteatro romano y luego al Véneto donde caería otra vez en sus brazos. La mañana siguiente se despertó solo y buscó por toda la habitación, bajó al lobby y pregunto por ella. La segnorinna que le había acompañado la noche anterior y el conserje le dijo, “Perdón, señor usted vino solo, no venía con ninguna acompañante”. Regreso a su habitación y en lado donde ella durmió sobre la almohada encontró un rosa Príncipe Negro y una nota en papel antiguo: “Yo soy la familiar que estabas buscando. Besos y adiós”. MARIANO MARIN Granada 31 de Agosto del 2015
JOSE BARBOSA Y SU INCRIBLE VIAJE DE LEON A PARIS Aunque nació en Granada y pasó su adolescencia allí, al bachillerarse se fue a león a estudiar leyes. Con el fueron sus compañeros de colegio, el negro Bravo, el Lo-Cairo Martínez, Guicho Marenco, el negro Marín, el gemelo Miranda, y otros del barrio. De ellos salieron abogados, odontólogos, biólogos, médicos, humanistas. Como buenos granadinos se alquilaron una casona donde cabían todos, y le llamaron “La Embajada”. Allí se reunían, y estudiaban después de las clases que en esos tiempos, la universidad no daba tiempo de descanso y terminan las clases hasta ya al atardecer. Por las noches se armaban tertulias poéticas, se contaban chistes y se tomaban sus respectivos espirituosos guaritos. Ya entrada la noche se iban a La Estación a comer fritanga de carnita de perrito a cualquier otro animalito que pasara, La verdad que era muy rica la tal fritanga. Ya para los jueves más descansada la semana se iban en recorrido cantinero de Rueda Chata al Chino, después al Popular Rene y luego a comer a Los Pescaditos y para retirarse a su descanso al Barcito a comer un delicioso sándwich de carne con tortilla con un respectivo cacao en vaso de café presto grande. Y a dormir como un lirón. Los ronquidos del negro Bravo eran tremendos, pero le movían la cama o lo cambiaban de lado y se calmaba. Y sin más que una sonrisa y un beso tirado al viento, un día José conoció por la calle del Cine González, a la que sería la jueza rectora de sus paseos y ziribindas. De la más alta alcurnia llego a sus brazos caída del cielo, pues Ángeles era su nombre, y con sus alas lo elevo hasta el altar resguardado por el bardo Darío en la catedral de León. Atrás quedaron los amigos y francachelas. Y así pasaron los años de estudio en la ciudad universitaria hasta que vino la revolución y la embajada de Granada, cerró sus puertas y sus refugiados se integraron al proceso del cambio en la nación. Unos se fueron a las fuerzas armadas, otros a la reforma agraria, otros al plan de producción industrial y José después de un tiempo de laborar en las oficinas centrales de Ministerio de Reforma Agraria gano una beca; y de los arcos de su Granada natal paso al Arco del Triunfo de los Campos Elíseos. Por su amistad con un francés que laboró en Nicaragua, y siendo un buen amigo, al partir a lejano oriente a dar servicios de asesoría en esos países le dejo en resguardo un castillo medieval, donde José pasó sus años de post grado en la Sorbonne. Vivió como un príncipe, recorría las calles del Quartier Latín por las tardes, tomando su Chardonnay con un paté de fois gras y su pan de centeno. Allí nacieron sus tres hijos, que nunca hablaron español hasta regresar a Nicaragua. Los llevaba a pasear por la Plaza de la Concordia contándole la historia de tan famoso lugar, luego a L’Opera, sin faltarle recorrer Père la Chez la tumba de Jim Morrison, Los fines de semana paseaba por Sebastopol contándoles el porqué se llamaba así y las guerras en dicho lugar. Los llevo a conocer el Museo de Louvre a ver la famosa Gioconda y la estatua de la Victoria de Samotracia en la entrada Este, y ya fuera en la plazoleta del museo admiraba las pirámides de cristal y acero, realizadas por el arquitecto chino Leo Ming Pei, tan criticadas por los viejos parisinos, que también habían criticado la construcción del Centro Cultural George Pompidou, por su modernidad en medio de unos de los barrios más antiguos de París. Los domingos paseaba por el Sena en el Bateau-Mouche y desde allí ver la bella Catedral de Notre Dame llena de ministerio y gárgolas, como esperando saliera Nicodemo. Por la tarde visitaba el Palais de Versaillais. Y Les Jardins de Luxemburg. Y a entrada la tarde y dejando a niños en el Castillo se regresaba a Les Invalides pata tomar un café con su Remy Martin. Terminaba el día con una cena en Cardinal Lemoine con un “Lapin au vin blanc”. Todo eso lejos quedo al terminar sus estudios y volver a su amada Nicaragua. Ahora sentado frente al Parque Colón en la terraza del hotel del mismo nombre recuerda con el Negro Marín al Paris de sus años mozos mientras se toman un Blanc de Blanc. MARIANO MARIN 3 de Septiembre del 2015

domingo, 30 de agosto de 2015

ALEX BREAVE EN BALI Siguiendo su acostumbrada y ya conocida historia de viajar por el mundo en vida o en la muerte, Alex Breave se lanzo a una nueva aventura por los mares del Este. Un día llegó a una lejana isla de al oriente de Java. En esos tiempo poco conocida, pues era casi inaccesible por su distancia, y por la piratería de esos mares. Se había poblado por una gran invasión de gente venida de la India y construyeron toda una civilización con sus tradiciones y su arte, así como su arquitectura que, aún podemos apreciar en los antiguos templos que en medio de la selva se encuentran casi intactos. En la Playa de Kuta instalo una champa y comenzó a construir su futura casa. Viajaba a veces dos o tres días a la semana a Denpasar, que era la ciudad más grande de la isla y ahora su actual capital. Se dedicó a conocer más de la isla que no era tan pequeña como se lo imaginaba pues medía más o menos 5,600 y tanto kilómetros cuadrados, con mucho ánimo subió al volcán Grunung Batur y vio su inmenso lago de agua dulce. Allí en sus costas estaba una linda aborigen bañándose en sus tranquilas aguas. Alex Breave de inmediato se enamoró, no sabía si por el pelo negro azabache de la baliseña, o de la belleza del entorno, o de sus pechos núbiles y erectos. Ella le sonrió sin malicia pero con recato trato de taparse ante los ojos penetrantes de Alex. Este se puso un poco nervioso y trato de disculparse en más señas que otra cosa puesto que no hablaba su idioma. Poco a poco se fueron acercando y se hicieron amigos. Ella, Visyayana, dijo se llamaba, le enseñaba su lengua y él lo poco que podía decir de su tierra origen. Ella le llevo a pasear por los bosques y playas. Surgió una gran amistad y le presentó a su familia. Gente muy cariñosa y amable. Comieron deliciosos platillos adornados con flores y hojas de olores y sabores exquisitos. Lo llevo al Penatran Sasin, un templo que guarda aun el tambor más grande del mundo hecho en bronce, de dos metros de diámetro, y conocido por el nombre de “La Luna del Penjen”. En sus andanzas fue a Gunung Kawi donde en la roca están los nichos dedicados al Rey U-dayana, famoso por sus labores de desarrollo y culturización del pueblo de Bali. Subió con Visyayana hasta Kintamani montaña sagrada de unos mil quinientos metros de altura donde se apreciaba el lago Batur. Bajaron por la pequeña selva que los llevo al templo escondido de Sebatu y Ubud donde se aprecian las galerías de tiempos perdidos y en medio de ese encanto hicieron el amor hasta el anochecer. Alex se quedó dormido junto a Visyayana. Al despertar la busco y salió por la selva corriendo hasta llegar a la casa de la familia de Visyayana, o al menos al lugar donde estuvo con ella y su familia. Pero en el lugar solo había escombros y ruinas. Camino hasta el pueblito más cercano y pregunto por Visyayana y su familia. La gente le miro con asombro y luego de un silencio casi sepulcral le dijeron que esa familia había desaparecido hacia muchísimos años y que eran los cuidadores espirituales del templo de Sebatu Y Ubud. Camino como sonámbulo por las playas, la busco por el templo real de Mengwi, por la plaza de las orquídeas y frutas, las terrazas de arroz de Jatiluwith, por el otro antiguo templo de Batu Karu, y a Mas donde los artesanos desde tiempos inmemoriales tallan la madera y fue allí donde en un retablo sobre el quicio de una pared vio la imagen grabada en alto relieve de su amada Visyayana. Un viejo artesano le miro y con mucha seguridad le dijo: “A Usted lo enamoró nuestra diosa? Ella solo lo hace con gente muy especial. Por eso le regalare esta tablilla con su imagen para que la recuerde”. Dio la vuelta y se fue. Cuando Alex Breave quiso preguntarle algo el anciano había desaparecido. Fue el último día de Alex Breave en la isla misteriosa de Bali. MARIANO MARIN Granada 30 de Agosto 2015

viernes, 24 de julio de 2015

EL DESCUBRIMIENTO DE MACHU PICCHU POR HIRAM BINGAM Le 24 juillet 1911, l'Américain Hiram Bingham, 36 ans, est à bout de forces. Voilà des jours et des jours qu'à la tête de son expédition il crapahute dans la jungle péruvienne à la recherche de l'ultime capitale des Incas. C'est une jungle de montagne, épuisante. Les hommes descendent par un sentier furtif dans la vallée oubliée de l'Urubamba. Ils franchissent un torrent sur un pont de troncs pourris. Il faut maintenant escalader l'autre pente de la vallée. Madre de dios, qu'elle est raide ! À côté, l'escalade du mont Ventoux par Vincenzo Nibali ressemble à une balade en tricycle... Les hommes glissent continuellement dans la boue, ce qui les oblige à ramper. Un effort surhumain effectué dans une végétation épaisse et lugubre bourrée de serpents venimeux qu'il faut abattre à coups de machette. Ils avancent mètre par mètre sous une pluie diluvienne et dans un brouillard à couper, lui aussi, à la machette. Sans compter le caillassage de la "racaille" de Brétigny-sur-Orge... Jusqu'au jour où, bingo, Bingham découvre le mont Machu Picchu couronné par la cité inca perdue depuis quatre siècles. Dès lors, la "huitième merveille du monde" est à jamais associée à son nom, Hiram Bingham ! C'est une merveilleuse découverte pour ce fils d'aristo même pas archéologue. Hiram se contente d'enseigner l'histoire de l'Amérique coloniale et républicaine dans les universités américaines. Rien à voir avec les Incas. Sa passion, c'est plutôt Simón Bolívar, et comme il n'est pas du genre à cirer les chaises de bibliothèque avec son derrière, il organise, en 1906, une première expédition à travers les Andes du Venezuela et la Colombie dans les pas de son idole. Il pousse le vice jusqu'à adopter le même accoutrement que Bolivar et la même monture : un âne. En 1909, il remet ça en parcourant, cette fois, l'Argentine et le Pérou, où il découvre la civilisation inca et se passionne pour elle. C'est alors qu'il se met en tête de retrouver Vilcabamba, l'ultime refuge du peuple exterminé par Pizarro. Il n'est pas le premier : cela fait plus d'un siècle qu'une cohorte d'aventuriers la recherche. Pour la gloire, un peu, et pour les trésors qu'elle est censée renfermer, beaucoup. "Ruines !" En 1911, sa troisième expédition, la Yale Peruvian Expedition, est patronnée par la prestigieuse université Yale et la Geographic Society de Washington. Bingham a convaincu six autres aventuriers de l'accompagner au Pérou : un géologue-géographe, un topographe, un naturaliste, un ingénieur familier de la haute montagne, un toubib et un étudiant assistant. Il a seulement refusé Jean-Louis Étienne, qui voulait participer à une aventure où on ne se caille pas les miches par - 50 °C... Début juillet, les sept hommes quittent Cuzco à dos de mule. Leur convoi emprunte la vallée de l'Urubamba. Et comme Bingham a égaré son GPS, il s'adresse à tous les Indiens quechuas rencontrés en ne leur disant qu'un mot : ruines ! L'expédition en vient ainsi à longer la rivière Urubamba, encadrée de murailles de granite. Hormis les Indiens, personne ne s'est aventuré par là depuis quatre siècles. Ne le répétez pas à Frédéric Lopez, il serait capable d'y emmener Nabilla pour son émission Rendez-vous en terre inconnue... Le paysage somptueux déclenche une vocation de poète chez Bingham : "Aux pics enneigés dominant les nuages de plus de 3 000 mètres et aux gigantesques précipices au fond desquels grondent des rapides miroitant au soleil s'opposent, en un total contraste, les étages d'une végétation luxuriante (orchidées, fougères géantes) et la magie ensorcelante de la forêt vierge." Après plusieurs jours de marche, l'expédition finit par atteindre une petite plage de sable encadrée par le torrent de gigantesques à-pics recouverts d'une jungle tropicale. Tout le monde est crevé, on installe le campement. Le lieu n'est pourtant pas désert. Bingham et ses compagnons découvrent une hutte d'où un indigène les observe, interloqué. Il se nomme Melchor Arteaga et s'interroge : mais qu'est-ce que ces Amerloques peuvent bien venir foutre par ici ? En plus, ils ne se sont même pas présentés à sa "taverne" comme le font les rares voyageurs passant par là. Quelle grossièreté ! Il les accoste, furieux. Quand il apprend que Bingham est à la recherche de "ruines", il lui indique qu'il en connaît de très belles, et même d'exceptionnelles, sur une crête voisine appelée Machu Picchu, le vieux pic en quechua. Bingham réfléchit toute la nuit. Des ruines exceptionnelles ? C'est à voir. Chaleur humide Le lendemain matin, c'est le déluge, un temps à ne pas mettre un Quechua dehors. Seule NKM affronte la pluie à la recherche de Parisiens à convaincre de voter pour elle... Même Melchor grelotte dans sa cabane et n'a pas du tout l'intention d'en sortir. Mais Bingham lui propose un sol, soit quatre fois le salaire journalier dans le coin, ça ne se refuse pas. Aucun des autres membres de l'expédition ne tient à accompagner ce dingue de Bingham, alors chacun s'invente des obligations. Le toubib prétexte même de la couture à faire... Dites donc, les gars, on est là pour l'aventure ou quoi ? Ces désertions ne découragent pas Bingham, qui se met en route avec Melchor et le sergent Carrasco, son garde du corps et interprète donné par le préfet. Ils remontent le long de la rivière sur quelques kilomètres quand surgit un serpent. Arteaga prend sa machette et le déchiquette ! Comme ce coin est accueillant ! Au bout d'une petite heure de marche, le guide quitte le chemin et s'enfonce dans les fourrés, descendant vers la rivière. Voici un pont. Enfin, un pont, c'est vite dit : il est constitué de cinq ou six troncs d'arbre vaguement liés entre eux par des lianes. Comment ce truc peut-il supporter le poids d'un homme ? Pour celui qui rate son coup, c'est la mort assurée dans les rapides qui grondent dessous ! Arteaga et Carrasco enlèvent leurs chaussures avant de se jeter à plat ventre sur les troncs, s'agrippant de leurs doigts et orteils. Bingham, tout tremblotant, prend l'option quatre pattes. Le grand Indiana Jones, lui, aurait fait cette traversée à cloche-pied et les yeux bandés ! Le torrent traversé, il leur faut escalader une pente tellement raide que même le funiculaire de Montmartre aurait posé un préavis de grève. La chaleur humide est insupportable. Les trois hommes s'agrippent aux herbes, plantent leurs ongles dans la paroi pour progresser. Perchés à quelques centaines de mètres au-dessus de la rivière, à bout de souffle, ils font une halte dans une hutte. Oui, une hutte, au milieu de nulle part. Deux familles indiennes vivent là, retirées du monde depuis quatre ans, les Richarte et les d'Alvarez. Ils survivent misérablement en cultivant des terrasses taillées depuis des siècles dans la montagne. Bingham est impatient de repartir, mais les autres taillent tranquillement la bavette. Melchor Arteaga désigne un gamin d'une dizaine d'années, Pablito, pour faire le guide à sa place. Parements de pierres Les voilà repartis. Après avoir dépassé d'immenses terrasses, ils s'enfoncent de nouveau dans un labyrinthe de végétation tropicale "lorsque, soudain, des vestiges de murs de la plus belle facture surgirent devant" eux, relate Bingham. "Dans l'ombre dense, cachés derrière des fourrés de bambous et des vignes grimpantes, apparaissaient çà et là des parements de pierres de granite blanc finement taillées et délicatement appareillées", et ce n'est qu'un début ! Voilà bientôt Pablito en train de leur montrer ce qui semble être un mausolée royal ! Pour Bingham, sans nul doute, il s'agit de l'oeuvre d'un maître. Il s'extasie, ne sait plus où regarder : un temple gigantesque, des pierres taillées pesant au moins 15 tonnes chacune... Et il est encore loin de se douter de l'ampleur de cette ville qui dort encore sous cette végétation impénétrable. Il est au beau milieu des plus belles ruines de l'Amérique précolombienne. Mais quelle peut être cette mystérieuse cité, mentionnée sur aucune carte, si ce n'est le refuge du dernier Inca, Vilcabamba ? En 1964, huit ans après la mort d'Hiram Bingham, l'explorateur américain Douglas Gene Savoy détruit cette thèse : Machu Picchu n'est pas Vilcabamba ! Alors, quelle était cette cité perchée au sommet de la montagne ? Couvent destiné aux vierges du Soleil ? Résidence impériale ? Les deux à la fois ? Les spécialistes hésitent encore. Mais le pire pour le pauvre Bingham, c'est qu'avant lui plusieurs aventuriers avaient déjà visité les ruines de Machu Picchu. Seulement, il fut le premier à reconnaître leur importance et à les faire connaître au monde entier. Aujourd'hui, le site reçoit la visite de plusieurs centaines de milliers de visiteurs chaque année. C'est bien trop. Machu Picchu est menacé de destruction. Bingham en est tout retourné dans sa tombe.

domingo, 26 de octubre de 2014

LAS VERDADERAS RAICES DE ALEX BREAVE POR: MARIANO MARIN A los diez años Alex, salvo la vida dos niños lanzándose al rio y con tarzánica destreza los sacó a la orilla y logro salvarlos de la corriente que los arrastraba. A los veinte años por acciones en combate le otorgaron la medalla al valor en un enfrentamiento contra las fuerza opositoras al gobierno. A los veinticinco años le otorgaron su título de abogado y notario con las mejores calificaciones y honores de la Universidad Nacional Autónoma De León. Breave luchó por los derechos humanos, por los derechos de los negros y resto de minorías étnicas del país. Luchó contra la contaminación ambiental y así con muchas más luchas, ganadas unas, aun en litigio otras, se ganó una beca para irse a sacar un doctorado a Sevilla, en la Universidad de La Rábida. Ignacio Pérez, biógrafo e historiador de la ciudad, decidió recrear la vida de Alex Breave, partiendo de su lugar de origen, un pueblo a orillas del rio San Juan, de donde venía su familia. Hacía días que no escribía en el diario y la gente le demandaba leer sus historias. Hablando con su editor en jefe, le comentaba que quería ir a investigar sobre este personaje que parecía el ciudadano perfecto. Este le contestó pero parece que no es así? Verdad?. Exacto, le contesto Ignacio. Toda verdad se debe de confirmar. Bueno, comenzare por ir a conocer este pueblo e investigar con su gente sobre dicho ciudadano. Tras un vuelo de 1:00, hora, más o menos, llego a su a su destino. Un pequeño poblado a orillas del rio. Ahora la gente vivía de la pesca, la madera y de la raicilla, un importante producto para fabricar medicinas, y de un incipiente turismo. Aquella mañana con aire fresco, un cielo desmesuradamente perfecto y un sol de oro, Ignacio empezó por recorrer el pueblo. Era muy claro que no tenían muchos visitantes, las caras de abulia en los corredores de madera a las entradas de las casas lo denunciaban. Aunque el rostro más inexpresivo lo coronaba un busto casi escala natural sobre una base de cemento que en una pequeña placa metálica decía: A ALEX BREAVE. EL GRAN HOMBRE. La imagen de Breave parecía mirarlo fijamente, lo que inquieto a Ignacio. “Debimos hacerla más grande” dijo alguien detrás de él. Era el jefe de la policía. “La pusimos hace unos dos años, cuando regreso de Europa. Pero cada día lo veo más pequeño, ¿que lo trae por estos lados?” Me llamo Ignacio y soy periodista. Y estoy escribiendo sobre la vida de este gran hombre. La gente se había venido acercando. Pero un silencio muy denso. “Así que es periodista”. “Oyeron, al fin alguien se dignó venir a escribir sobre Alex. Nos da mucho gusto y desde este momento Ud. es nuestro invitado.” Tendrá el mejor cuarto del hotel”, dijo el gerente del hotelito. Sin saber porque, Ignacio volvió la mirada hacia la ventana del bar de enfrente. Por la noche fue al bar y todo el mundo lo invitaba a tragos y comidas. Se preguntaba si al propio Alex lo habrían invitado a tanto homenaje. Unos contaban las hazañas de juventud, otros de las noches de cacería, de las travesuras de la niñez, típicas de ese tipo de pueblo. “Escriba todo eso amigo”. Le decían. “Déjenlo en paz”, dijo el jefe de la policía. Al salir el jefe lo acompaño por unas cuadras y pasaron cerca de una casa que le llamo mucho la atención. Y le pregunto ¿y esa casa? “Ah! Le dijo esa es la casa donde nació Alex, dicen que su padre la construyó cortando la madera con los peines de los "pejesierras", pues en ese tiempo no venían instrumento de hierro como ahora. Pero deben ser mentiras la gente habla sin saber”. La casa era un tanto tenebrosa, demencial, un espectro en medio de la nada, un monstruo con huecos débilmente iluminados, parecía reír, latir, bullir, con un escalofriante rumor de selva. “El viejo murió hace mucho pero siempre esta como habitada”. Comento el jefe, y diciendo esto, se despidió dejándolo cerca de la entrada del hotel. Camino solo por unos pocos momentos en lo que un rugir tremendo salió de la obscuridad y le envistió una camioneta blanca brillante, que lo lanzo hasta el rio para evitar ser arrollado. La gente apareció de pronto de todos lados y lo levantaron preguntando si estaba bien. Parecía que todo el pueblo se hubiera congregado. El solo balbuceo: “era una camioneta blanca brillante”. La gente se volvió a mirar unos a otros y casi en coro dijeron: “Aquí no hay ninguna camioneta como esa”. A lo Lejos en el bar se escuchaba la trompeta de Louis Armstrong tocando “Moon River”. Ignacio se despertó sobre las notas y apuntes que durante la noche había escrito. Era ya tarde, más cerca del mediodía. Medio leyó lo escrito y se preguntaba si en algún momento Alex pudo haber sido un hombre tan admirable. ¿Y esa devoción tan desbordadamente infantil de los vecinos del pueblo? ¿Tendría sentido continuar con esta historia? ¿Seguir allí? Solo le quedaba una cosa: El Bar. Ignacio decidió ir a visitar a la dueña del bar. Pero antes de salir de cuarto de hotel escucho que hablaban en la planta baja donde especulaban como eliminarlo. Subió de regreso a su cuarto y saltando por la ventana corrió como lama que llevaba el diablo. Cayó sobre la camioneta blanca de la otra noche, que hoy le sirvió de soporte y amortiguamiento. De su tina salto corriendo hasta llegar al bar donde como anunciado le esperaba la dueña. Ahora sabía cómo se llamaba, Rosa. Era una madrugada de insomnio. Sin preámbulos ella le empezó a contar su historia. ”Yo amaba a Alex Breave. Era extraordinario. Yo solo fui su mujer. Así me lo hizo sentir siempre. Hace años se fue para Europa, no se despidió ni nunca regresó. Hace un par de años llego un hombre muy parecido a Alex, haciendo el papel de él. Hablo con tanta convicción que la gente le creyó. Allí donde está el monumento se paró sobre una improvisada tarima e hizo mil promesas que hasta ahora cumplió. Construyo una escuela, una iglesia, un banco que dio préstamos a los pobladores sin que tuvieran hasta hoy que devolverlos. Con las tierras heredadas de su padre hizo una especia reforma agraria y las vendió casi de regalado y las repartió entre todos. Yo no dudo que él esté muerto. Pero para el pueblo este es el Alex Breave que existió. Aunque saben todos que no es cierto. Es una mentira que todos quieren creer”. El rugir de motores acercándose al bar anunciaba una tragedia. Rosa le dijo “Váyase, huya por la vereda de la izquierda y llegara a la carretera sin que lo vean. Ignacio corrió hasta que encontró una camioneta blanca brillante y le abrió la puerta para subirse. El hombre era un moreno de mediana edad, pelo ensortijado y entrecano, con una barba de candado y bigote fino. Y le dijo: “No se preocupe lo llevare donde quiera. Me llamo Alex”.