martes, 22 de abril de 2014

VENDEDORAS DE RECUERDOS

VENDEDORAS DE RECUERDOS POR: MARIANO MARIN A Francisco Pérez Estrada. En mis tiempos colegiales me contaba Pérez Estrada, había una mujer que venía de los Pueblos Blancos. Catarina, San Juan de los Platos, Diría y Diriomo. Trotaba junto a su caballito cargado de plátanos, pipianes, y otras frutas y verduras. Luchaba contra una red que envolvía su frente - el mecapal-, una diadema de humillante explotación. Le decían “La India”. Sobre sus espaldas se apagaban y encendían soles, bajo sus pies en los caites ardientes con el calor del camino transitaban ríos de angustias. Ya en el mercado, era como un deslave volcánico, exponía en hojas de chagüite. La ternura de los pipianes. La alegría de los tomates. Las telúricas oscuridades de la yuca. La dorada filigrana de la piña. La dulzura de las episcopales batatas. Mas cuando la venta era escasa, salía a sudar calles. En una de esas salidas del mercado, conoció a “La-Vende-Fruta”, donde trasegaba el tiempo en la esquina de la Calle Atravesada. Como ella, también hacía un comercio que era llevado a la última expresión. Al pasar por ese lugar sentías los aromas de ilusión de ayer. Los jocotes, nísperos, marañones, zapotes de Tagüizapa y los infaltables olores de los limones y naranjas dulces. Te los daba, si querías, con un puñito de sal. Entonces los vendían así a mano abierta, sin meterlos en bolsas plásticas y tucos mal cortados y de mala gana como hacen ahora. Es muy difícil imaginar, me contaba Pérez Estrada, la ganancia de tan escasa mercancía. Pensaba era más vocación que forma de lucro. “Al pasar por esas ventas siento la ilusión de ayer con nombres de frutas”, decía. Aún quedan en algunas esquinas de la Calle Real y la Calle Atravesada, pero sin esa frescura diaria, y sin el cariño de llamarte: “¿Amor vas a querer, Chiquito?”. Para que le compraras sus delicadas y coloridas frutas. Ya no se hace la venta como lo hacían estas mujeres. Era un comercio exiguo, cotidiano, fresco y cariñosamente amoroso. Ellas eran marchantas que un día se ausentaban hasta que otra tomaba su lugar. Hoy solo es un mundo de nostalgia para el antiguo colegial y el recuerdo guardado de “Pérez E”. Como familiarmente le decíamos.

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